Gonzalo López Sánchez
ABC
Sus trabajos han sido claves para desarrollar nuevos fármacos. Será el nuevo presidente de la Royal Society
Venkatraman (Venki) Ramakrishnan, premio Nobel de Química en 2009 por dilucidar la estructura del ribosoma, la factoría fundamental de las proteínas en las células y uno de los blancos favoritos de los antibióticos, visitó Madrid ayer lunes. De allí fue a Valencia para participar en el congreso de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (Sebbm), organizado por l a Fundación BBVA. El que a partir de diciembre será presidente de la Royal Society, una de las sociedades científicas más antiguas e influyentes del mundo, alertó precisamente de los riesgos que supone la falta de inversión en nuevos antibióticos para acabar con las bacterias resistentes.
¿Cuál es en su opinión este problema?
Es un problema de salud pública que se debe a la capacidad de las bacterias a desarrollar nuevas mutaciones que las hacen resistentes a los antibióticos. A medida que la resistencia a estos fármacos se generalice entre las bacterias podrían aparecer futuras epidemias que no podamos controlar con lo que tenemos hasta ahora.
¿Cómo se ha llegado a esta situación?
La principal razón es que los antibióticos no son una inversión muy atractiva. En comparación con una enfermedad crónica, como la diabetes o la hipertensión, en la que un paciente necesita estar tomando un medicamento de por vida, en el caso de los antibióticos basta con un ciclo de administración para curar a esa persona. Además, en algunos países pueden adquirirse sin receta médica y es muy frecuente que se usen de forma inadecuada. Por ejemplo, en la ganadería se generalizó su uso para promover el engorde de los animales, lo que supone un problema cuando esa carne es consumida.
¿Qué solución propone?
Con todo lo que cuesta llevar fármacos al mercado, mi opinión es que la resistencia a los antibióticos debe ser tomada como un problema de salud pública. Por eso, las autoridades, ya sean nacionales o internacionales, organizaciones o gobiernos, deben tomarse muy en serio el desarrollo de nuevos fármacos. Porque si los gobiernos no invierten en antibióticos tendremos un problema grave.
¿Aún quedan avances que hacer en el campo de los ribosomas para desarrollar nuevos antibióticos?
Sí, claro [sonríe]. La ciencia tiene la característica de que cuando respondes a una pregunta abres toda una nueva gama de preguntas que antes jamás te hubieras planteado. Hace años se pensaba que era imposible saber cómo era la estructura del ribosoma, y ahora estamos resolviendo cuestiones a un nivel cada vez más sofisticado y profundo.
Estos avances se producen en parte porque antes se ha hecho investigación básica (no encaminada a aplicaciones de forma directa). ¿Se apuesta lo suficiente por esta?
Creo que es importante hacerlo. Los gobiernos deben darse cuenta de que la ciencia básica está detrás del resto de la ciencia y de la tecnología, y que sus implicaciones pueden tardar décadas o siglos en verse. Por ejemplo, en una demostración un Primer Ministro Británico le preguntó a Faraday que para qué servía la electricidad. Entonces, este científico le contestó: « Estoy seguro, señor, de que usted podrá cobrar impuestos con esto alguna vez».
Pero cuando hay dificultades económicas, a veces se apuesta por recortar en ciencia
Sé que la moral de los científicos españoles es muy baja a causa de esto. Yo diría que la investigación es una pequeñísima fracción del presupuesto, y disminuirlo en malos momentos no tiene sentido a nivel económico. Lleva unos diez años formar a un científico y con los recortes muchos jóvenes dejan su carrera. Aunque mejoren las condiciones, se habrá perdido una generación y el futuro de la ciencia estará comprometido.
