LALIA GONZÁLEZ-SANTIAGO

Según escuchaba a Javier González de Lara desglosar su Plan de Acción para la «nueva CEA» más me intrigaba saber qué ha encontrado bajo las alfombras de la Confederación de Empresarios de Andalucía, que hace menos de un año preside. Su natural discreción, obligada además por el cargo, no impide que se adivine en la dificultad de su empeño el desastre de la gestión heredada. De hecho, las palabras que más sonaron fueron «ética» y «reputación» y, como se suele decir, verde y con asas.

Porque González de Lara se ha encontrado con una patronal en quiebra y sin crédito, no sólo financiero, también de fama, o sea desacreditada doblemente. En esta falta de credibilidad residía en buena medida la razón de que las operaciones para hipotecar la sede fracasaran con anterioridad.
Por demás, al enarbolar la bandera de la ética y el buen gobierno y anunciar un régimen de sanciones para quienes incumplan, González de Lara viene a dar un aviso a navegantes y a encabezar la necesaria regeneración de la patronal, que precisa recuperar autoridad moral y pujanza.

De momento, parece que el relevo en la cúpula empresarial andaluza ha resultado un cambio profundo. No es sólo por edad o perfil, o por estos nuevos tiempos en los que la transparencia resulta imprescindible, es también por la decisión de abrir la organización y, sobre todo, sacarla de ese cierto centralismo sevillita en el que hasta ahora se había movido.

Le queda mucho por hacer a González de Lara, tanto en lo económico, porque 12 millones de deuda son muchos millones, como en reinventar la patronal con nuevas vías de ingresos, donde hay un campo interesante por explorar. También tiene que defender su posición como primer interlocutor, ante los intentos de compartir plano por parte de las empresas de economía social, pero sobre todo debe trabajar para que los empresarios andaluces ganen tamaño y se refuercen, para que se modernicen y, en fin, para que creen empleo, abundante y de calidad.

LALIA GONZÁLEZ-SANTIAGO
SUR