Gumersindo Ruiz

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Un editorial de este periódico se hacía eco la semana pasada de las propuestas de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) a los partidos políticos ante las próximas elecciones. No es algo excepcional, porque la nueva CEA, agrupada en torno a su presidente Javier González de Lara y su equipo, está empeñada en una misión de cambio y mejora institucional, que impulse la empresa en Andalucía. Tienen una visión moderna, enraizada en una ética y responsabilidad que no son simplemente formales, sino una referencia de comportamiento en este mundo tan codicioso y necesitado de valores en que vivimos. Hay dos cuestiones principales.Una, facilitar la toma de decisiones a los empresarios, reduciendo en lo posible incertidumbres. Un ejemplo es las facilidades a la contratación, como la recién aprobada tarifa plana de 500 euros de seguridad social para contratos indefinidos, que aunque no aparece hasta ahora, en un año de elecciones, es bienvenida. Todo lo que en el ámbito legal, fiscal, y administrativo ayude a paliar incertidumbres, ayudará a la empresa. La segunda cuestión es la carga administrativa, que puede asumirse a partir de un tamaño, pero a veces hace imposible gestionar una empresa pequeña con los costes monetarios y dedicación de tiempo, que impone. La burocracia como organización de la vida social no es en sí algo malo, y en el siglo XVIII los países europeos admiraban y deseaban la forma en que China conducía y controlaba los asuntos públicos. Pero hoy dudamos que los excesos de la administración, pública y privada, contribuya a nuestro bienestar. David Graeber es un antropólogo norteamericano que tiene un libro titulado La utopía de las normas, donde se pregunta si es inevitable -para individuos y empresarios- que nuestra vida se vea sometida a tareas burocráticas interminables. Internet nos ha hecho todavía más dependientes de estas tareas, que tenemos que hacer nosotros, y convierte a la empresa en administradora de seguridad social, laboral, fiscal, y de la normativa, frente a una Administración pública que vigila, interpreta y sanciona. También ocurre lo mismo -dice Graeber- respecto a las grandes corporaciones privadas de servicios, donde no gana terreno el mercado, sino sus elites conservadoras, que entre otras cosas, nos hacen perder el tiempo escuchando la música de sus call centers. Quizás sea la complejidad de la vida actual lo que complica administrativamente a la empresa. Hay veces en que la simplificación de los procesos, como ocurrió con los ERE, que facilitaba que las ayudas y los avales llegaran a tiempo para salvar a muchas empresas, puede dar lugar ocasionalmente a malas prácticas. Este debate sobre como regular bien los asuntos públicos sin crear una pesadilla administrativa es quizás uno de los temas más revolucionarios a que se enfrenta nuestra sociedad, y debe estar en el centro del pensamiento político en una economía de mercado que se fundamenta en la empresa. La CEA ya ha abierto varios caminos de interés de una forma fresca, novedosa, práctica, mirando al futuro que queremos para Andalucía; las respuestas, ahora, están en el lado de la política.
Gumersindo Ruiz
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