Ignacio Contreras
EL ECONOMISTA

Tras las elecciones celebradas hace una semana me gustaría proponer algunas cuestiones de contenido económico que deberían ser compartidas por todos. Nuestra constitución define el sistema económico como economía social de
mercado, es decir, un sistema en el que el libre mercado convive de manera equilibrada con uno de protección social del ciudadano. Ni el libre mercado ni el carácter social del mismo deben estar bajo debate.

Las propuestas son: la empresa en el vértice de todo programa económico. La empresa es quien crea empleo y
posibilita el crecimiento económico, sin lo cual no hay desarrollo social sostenible.

Una Administración pública eficiente al servicio de la sociedad. La Administración debe garantizar la protección social de los ciudadanos y fomentar un desarrollo económico basado en la internacionalización, la innovación y la tecnología, liderando y dando ejemplo en este proceso, impulsando la compra pública innovadora.

Seguridad jurídica y eliminación de los riesgos regulatorios. No se trata de que no haya cambios en la regulación, ni de asegurar unas expectativas de lucro para los agentes económicos. La seguridad jurídica es la suma de certeza y legalidad, jerarquía y publicidad normativa, irretroactividad y prohibición de la arbitrariedad. Y, por supuesto, las deudas se pagan.

Equilibrio fiscal. Ajustar los gastos a los ingresos, con un nivel impositivo que no lastre el desarrollo económico ni la competitividad de las empresas y percibido por los ciudadanos como adecuado a los servicios que reciben en contraprestación. Si hay que disminuir los gastos no se comienza por los de contenido social.

Endeudamiento sostenible público y privado. El crecimiento basado en la competitividad de las empresas y en la eficiencia de la Administración, nunca en un apalancamiento excesivo fruto del acceso fácil y barato a la deuda. Integración de la economía sumergida. Su anulación completa es imposible, la referencia la tenemos en algunos países europeos.

Cambios en el escenario laboral. Hay que conseguir que el gran público entienda que el modelo tradicional de ajuste del mercado laboral ante fluctuaciones cíclicas de la economía -ajuste por cantidad en lugar de por precio- no es viable en una economía globalizada, de cambio tecnológico acelerado y con un tipo de cambio que no puede ajustarse.

Ignacio Contreras
EL ECONOMISTA