Rogelio Velasco
HUELVA INFORMACIÓN

Esta semana, el precio de referencia del petróleo en Europa ha alcanzado los 37 dólares el barril; un precio que supone la mitad del que alcanzó en la pasada primavera y el más reducido desde el año 2008. Existen razones coyunturales que explican esa caída. Hace dos semanas, la reunión celebrada por la OPEP fracasó en su intento de limitar la producción mundial, dejando que cada miembro fije su cuota de producción. Adicionalmente, Irán ha declarado que, en cuando se le permita exportar, comenzará la venta de crudo a gran escala.

El mercado ha descontado inmediatamente estas noticias. Pero más allá de estas cuestiones coyunturales, existen razones estructurales que explican una caída tan pronunciada de su precio. El público tiende a pensar que el petróleo es un recurso limitado que se va agotando poco a poco. Y aunque esto es cierto en el muy largo plazo, no lo es en el horizonte de planeamiento que tienen las empresas y los ciudadanos. Aunque la oferta de petróleo sea rígida en plazos muy largos, no lo es en el corto y medio plazo. Parte de la explicación proviene de la nueva producción de petróleo en EEUU y Canadá. De ser prácticamente inexistente en el año 2000, en la actualidad produce 4,5 millones de barriles diarios.

La mayoría de esas explotaciones son rentables a un precio de 50 a 60 dólares el barril. Además, la productividad de las explotaciones ha estado creciendo a un ritmo anual del 30% durante los últimos diez años, lo que ha permitido explotar mucho más los pozos. La rápida respuesta de este nuevo tipo de producción no solo proviene de esos incrementos de productividad. El tipo de tecnología que se utiliza permite una rápida explotación, porque la mayor parte de los costes son variables, siendo los costes fijos muy reducidos. En consecuencia, la oferta de petróleo hoy es mucho más elástica de lo que ha sido históricamente y permite a los productores responder más rápidamente a los cambios en la demanda de crudo. Este nuevo escenario depara cambios geopolíticos.

La India y China absorberán el 60% de la demanda mundial en los próximos años, debido a la menor dependencia de EEUU del petróleo del Golfo Pérsico, que le convertirá en un exportador durante la próxima década. El interés por los países del Golfo se va a reducir. Pero no sabemos durante cuánto tiempo algunos de los países de esa área podrán soportar la actual situación, en la que el gasto público es muy superior a los ingresos derivados del petróleo. Recordemos lo que está ocurriendo en Venezuela. Finalmente, y en un orden de cosas diferente, esta evolución del precio del petróleo va a poner más difícil el cumplimiento de los compromisos medioambientales alcanzados en París la semana pasada. La economía nos indica que esa reducción en el precio relativo va a incrementar la demanda y, en consecuencia, un mayor deterioro del medio ambiente. Sólo una acción política decidida -un incremento de los impuestos sobre los derivados del petróleo- podrá frenar un mayor deterioro ambiental como consecuencia de precios tan reducidos. Está por ver si los responsables políticos de los países occidentales serán capaces de reducir el viento de cola para la economía y adoptar medidas impopulares como un aumento del precio de la gasolina.