Matías Lamas
EXPANSIÓN

La EPA del primer trimestre confirma lo que ya anticipaban los registros de afiliación: la creación de empleo está ganando dimensión en el arranque de 2015. La ocupación cae en el trimestre en 114.000 personas, pero se eleva en algo más de 500.000 si se compara con el nivel de ocupados de hace un año. Esta comparativa interanual es la adecuada para interpretar unos datos que presentan un marcado componente estacional. Los datos son, sin duda, buenos, y avalan que la recuperación económica sigue su curso.

El desglose de la cifra de ocupados arroja algunas lecturas interesantes. El empleo en la construcción consigue crecer en 30.000 efectivos, situando la tasa interanual de crecimiento en el doble dígito (12,6%). La repercusión sobre el empleo total es significativa: con respecto al primer trimestre de 2014, la ocupación en la construcción aumenta en 120.000 personas, lo que supone el 23% del incremento total, pese a que el peso del sector sobre el agregado de ocupados apenas supera el 6%. La mejora de las condiciones financieras y el punto de inflexión que se observa en los registros de actividad del sector están jugando un papel clave en esta reactivación.

La buena marcha del empleo en la construcción en el arranque de 2015 contrasta con el comportamiento peor de lo esperado en los servicios. De hecho, el empleo en este sector cae más en este trimestre que en el mismo periodo de 2014, a pesar de que la recuperación económica ha ganado pulso. El deterioro de los servicios sorprende todavía más teniendo en cuenta que el empleo público ha aumentado en 30.000 personas entre enero y marzo, y que estos datos ya deberían recoger el impacto de la Semana Santa sobre la ocupación.

Cabe esperar que en 2015 los servicios pierdan protagonismo como motor del empleo en favor de sectores como la construcción o, en menor medida, la industria. A fin de cuentas, el sector terciario fue el primero en beneficiarse del proceso de recomposición de plantillas que acompañó a la recuperación laboral iniciada en 2014. El menor nivel de restricción crediticia y la mejora de la confianza permitieron entonces a las empresas elevar la contratación, en algunos casos sacrificando margen para abastecer la mejora incipiente de la demanda. Es lógico que el dinamismo de la ocupación en los servicios pierda intensidad una vez que se ha incrementado el empleo desde niveles ajustados.

Bajo valor añadido y parcialidad

El perfil de evolución del empleo sigue marcado por la generación de ocupados en actividades de medio y bajo valor añadido, de baja formación, y la parcialidad, que se mantiene en cotas elevadas. Casi el 16% del mismo lo aglutinan trabajadores con contratos a tiempo parcial, cuatro puntos porcentuales más que cuando arrancó la crisis. El recurso al contrato a tiempo parcial crece sobre todo entre los indefinidos. Como punto a favor, hay que señalar que la tasa de temporalidad (trabajadores temporales sobre el total) se estabiliza en el 24%, seis puntos por debajo del nivel previo a la crisis.

Hay dos derivadas que podemos extraer también de los registros de la EPA: una es favorable y otra pone en tela de juicio la sostenibilidad del patrón de recuperación. La primera es que el aumento del empleo supone un punto de apoyo claro para las familias en un contexto de caída de las horas trabajadas por empleado (elevada parcialidad) y estancamiento salarial. El avance de la renta familiar y la baja inflación (negativa probablemente hasta mediados de año) juegan a favor de un escenario propicio para el consumo ahora que los hogares se benefician de la mejora en su poder de compra.

La segunda es que el patrón de recuperación sigue sesgado hacia un uso intensivo del factor trabajo en áreas poco productivas de la economía. El incremento del empleo en la construcción así lo pone de manifiesto. La falta de capacidad de la economía española para relocalizar una porción significativa de sus recursos productivos hacia segmentos de producción con mayor capacidad de generar valor añadido es preocupante. Un perfil de recuperación como el actual apunta a que las ganancias de productividad en la economía serán reducidas en los próximos años, y pone en duda la sostenibilidad de las tasas de crecimiento que registra recientemente la economía española.

Matías Lamas
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