Miguel Valverde
EXPANSIÓN
La batalla política produce mucho ruido en la comunicación: con frecuencia el mensaje que se manda a la opinión pública es confuso o, simplemente, es mentira. Uno de los más utilizados en campaña electoral, o fuera de ella, es el que usan los gobiernos o los partidos para atribuirse la creación de empleo o achacar al contrario la destrucción del mismo o el fomento de la precariedad laboral. Este es un fenómeno que se repite mucho y que ha vuelto a suceder después de que el pasado jueves el Instituto Nacional de Estadística publicase la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre.
Es un hecho objetivo que los resultados del informe son positivos, aunque el paro sigue siendo muy elevado: 4.850.000 personas, el 21,2% de la población activa. Es decir, que España ocupa el segundo lugar del euro en la clasificación del desempleo. Tan solo por debajo de Grecia, que tiene una tasa de paro del 25% de la población activa. Sin embargo, todo analista que trabaje con rigor y se aleje de la demagogia y la defensa partidista sabe que un desempleo tan elevado como el español no se resuelve por arte de magia.
Afortunadamente, la economía lleva dos años creciendo, pero aún tardará tiempo en recuperar las cifras de antes de la crisis. Es decir, cuando España llegó a tener 20,7 millones de empleos y 1,8 millones de parados, el 7,95% de la población activa; la tasa más baja de la historia reciente. Es verdad que la existencia del desempleo siempre es una mala noticia, pero también hay que analizar de dónde venía España.
No obstante, en estos momentos, gracias, fundamentalmente, al crecimiento económico, el paro ha descendido en 1,4 millones de personas desde que en el primer trimestre de 2013 alcanzase su cima histórica: 6.278.000, lo que significó una tasa del 26,9% de la población activa. Igualmente, el empleo ha crecido en 1,1 millones de personas, hasta los 18 millones, desde que en el primer trimestre de 2014 descendió a su sima histórica con 16.950.000 ocupados.
A partir de aquí comienza el ruido de la batalla política, la prensa de partido y algunos analistas económicos para confundir a la opinión pública. Básicamente, lo que está pasando en el mercado de trabajo español es un desarrollo lógico de la libertad económica, no de las reformas que ha puesto en marcha el Gobierno. O, por lo menos, en estos momentos no tienen tanta influencia en la evolución de los salarios y de la calidad del empleo, cómo algunos pretenden hacer ver.
Para entenderlo es necesario responder a dos preguntas: ¿Por qué han bajado los salarios hasta un 15% durante la crisis? Fundamentalmente, porque se han destruido hasta 3,5 millones de empleos. Esto ha provocado una reacción inmediata en la negociación salarial. En la mayoría de los casos el empresario ha ofrecido conservar el empleo existente, y tratar de estabilizar la compañía, a cambio de congelar o reducir las retribuciones.
El pacto ha facilitado que muchas pymes hayan decidido incumplir el convenio sectorial o cambiar el suyo propio. Son más las circunstancias económicas que la reforma laboral las que han facilitado la reducción de los salarios, con la anuencia de los sindicatos, porque la alternativa eran los despidos.
Segunda pregunta: ¿Por qué crece el empleo temporal o precario? La razón es que en la salida de la crisis las empresas prefieren ese tipo de empleo hasta que no hayan alcanzado la estabilidad. Tanto más cuando hay una demanda de trabajo muy alta. En segundo lugar, España tiene potentes sectores económicos que por razones obvias trabajan fundamentalmente con el empleo temporal. Por ejemplo, la agroalimentación, la construcción o el turismo y sus alrededores.
Mientras no termine el cambio del modelo económico y se consolide la reindustrialización, intentar reducir el empleo temporal a niveles mínimos es como tratar de llenar una alberca sin cerrarla bien. Por esta razón, es hasta una consecuencia lógica que el 26% de los asalariados tenga empleo temporal. Incluso es menor del 35% que llegó a haber en la década de los 90 del siglo pasado.
En todo caso, no me sorprende la ignorancia de los tertulianos ni la mentira de los políticos al hablar de estos temas. Lo que me parece deshonesto desde el punto vista intelectual es que reputados analistas oculten estos hechos. En una economía de mercado, además de luchar contra el fraude laboral, fiscal y social, el poder público tiene que ayudar a las empresas a que puedan generar más y mejor empleo. Por decreto es imposible.
