Editorial

EXPANSIÓN
Una de las lecciones a extraer de la crisis para las empresas es la necesidad de reducir su elevada dependencia de la financiación bancaria, que tradicionalmente ha sido (especialmente para las pymes) la principal vía para obtener liquidez en España. De ahí que muchas compañías se estén afanando en aprovechar la recuperación del apetitito inversor por nuestro país y diversificar sus fuentes para captar fondos. Más de treinta empresas de muy variado tamaño (desde firmas con un ebitda de 12 millones de euros hasta grupos como ACS, Ferrovial o NH Hoteles) han debutado en los mercados de bonos en los dos últimos años, en los que hasta ahora han logrado captar unos 12.900 millones de euros. Las rentabilidades exigidas por los inversores varían en función del tamaño de las empresas emisoras y de su calificación crediticia, pero la caída sostenida de la prima de riesgo de la deuda pública española ha tenido un efecto arrastre para abaratar en consecuencia estas emisiones, cuyo tipo medio se ha situado en el 4,96%. Además, iniciativas como la puesta en marcha del Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), que el Gobierno lanzó en octubre de 2013, han facilitado sobremanera la captación de nueva liquidez para empresas que hasta hace poco ni se planteaban la posibilidad de emitir bonos. Aún así, el recurso a esta fuente de financiación alternativa sigue siendo bajo en España en comparación con países con mayor tradición en las emisiones corporativas como EEUU o Reino Unido.
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