Joaquín Aurioles
MÁLAGA HOY
Lo que preocupa a los electores no es el pasado, sino el futuro y si esto es cierto significa que la mayoría vota pensando, no en premiar o castigar la gestión del pasado, sino en encontrar la opción más adecuada para afrontar los problemas del futuro. Es la explicación al fracaso de Winston Churchill en las elecciones de julio de 1945, tras haberse convertido en el héroe nacional que llevó a su país a ganar la guerra y conseguir que el 83% de los británicos aprobase su gestión. Los británicos ya no estaban interesados en un gobierno capaz de ganar la guerra, sino en la mejor alternativa para gestionar la paz.
Desde el resto de España se cuestiona repetidamente a los andaluces que, a pesar de lo mal que nos va, llevemos más de treinta años votando al mismo partido, así que cuando el último sondeo de CIS pronosticó una nueva victoria socialista, todos los fantasmas del fracaso del Partido Popular en las pasadas elecciones (idoneidad del candidato, errores de campaña, exceso de confianza
) volvieron a levantarse. Pero la pregunta para la que los populares todavía no encuentran respuesta es la de ¿cómo es posible que siendo los más perjudicados por la crisis, sigamos ignorando la brillantez con que se está recuperando la economía española? Desconozco si existe una explicación más fundamentada sobre la fidelidad socialista del votante andaluz, pero sí que pueden aventurarse algunas hipótesis coherentes con los pronósticos del CIS.
Una de ellas es que los andaluces consideren que los grandes problemas económicos ya están en vías de solución, pero que todavía queda por resolver la extraordinaria problemática social heredada de la crisis. Con una tasa del 35% de desempleo y más de un millón de andaluces en hogares con todos sus miembros en paro, con dos tercios de los parados que ya son de larga duración y un tercio con más de 45 años y grave riesgo de exclusión definitiva del mercado de trabajo, es razonable que los andaluces no se sientan demasiado satisfechos con el camino elegido por el Partido Popular para sacarnos de la crisis. Los datos son contundentes y señalan que se está consiguiendo recuperar el bienestar, pero que también y al mismo tiempo aumenta la desigualdad, siendo ésta una combinación que sólo es posible cuando la mejora del bienestar se concentra entre las clases más prósperas y las consecuencias adversas de la desigualdad entre las más desfavorecidas.
Datos como los señalados anteriormente o los de riesgo de pobreza y exclusión social, que señalan al 38,6% de la población como afectada, llevan a los andaluces a considerar que su participación en la mejora del bienestar general está siendo relativamente reducida, mientras que estaríamos entre los más perjudicados por el aumento de la desigualdad. Puede que la complacencia del Partido Popular con la gestión económica sea una estrategia electoral válida para otras comunidades, pero en Andalucía corren el riesgo de alejarse de un amplio segmento de la población que también demanda de sus gobernantes un reparto equitativo de las cargas y los beneficios del crecimiento y mecanismos de protección contra la adversidad.
Joaquín Aurioles
MÁLAGA HOY
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