Rogelio Velasco
MÁLAGA HOY
En las sociedades avanzadas, las instituciones más relevantes han alcanzado un acuerdo acerca de las políticas que impulsan el desarrollo del país. Este acuerdo tiende a sobrevivir a los avatares políticos; cambian los gobiernos, pero las políticas no se modifican.
Cuando existen restricciones presupuestarias fuertes, la dotación de recursos públicos se resiente. Pero una cosa es congelar los recursos dedicados a esas políticas que impulsan el desarrollo y otra es reducirlos. Este argumento no sólo se aplica al sector público. En los países desarrollados, las empresas no sólo no congelan, sino que continúan incrementando la dotación anual de recursos dedicados a la investigación, el desarrollo y a la innovación (I+D+i). Las empresas que no siguen estas políticas desaparecen en pocos años a manos de los competidores.
Un país no desaparece porque reduzca los recursos dedicados a esas tareas. Sus efectos son invisibles, pero no menos perjudiciales. La capacidad competitiva se reduce al no innovar al mismo ritmo que lo hacen las empresas de otros países. Se pierden oportunidades de crear puestos de trabajo de calidad y, al mismo tiempo, pierde empleo porque lo crean empresas extranjeras. La innovación es importante no sólo para crear empleo, sino también para evitar que se pierda. Los años que van de 1995 a 2009 marcan un periodo de crecimiento ininterrumpido de I+D+i en España. Desde entonces y hasta 2013, ese gasto se ha reducido en un 4% anual. Sin embargo, los principales países de la UE han continuado dotando esos recursos. En conjunto, para la UE-28, durante los años de crisis, el gasto en este tipo de actividades ha crecido casi un 4%.
Para salir de la crisis con un nuevo modelo de crecimiento, el gasto en I+D+i resulta imprescindible porque permite conseguir nuevos productos y servicios de valor, que pueden competir en los mercados, internacionalizando a las empresas. Pero para que ese proceso tenga éxito es necesario que las empresas se aproximen más a las universidades y éstas tengan una mayor orientación hacia el mercado.
España, y Andalucía en particular, cuenta con buenas escuelas de ingeniería y departamentos de ciencias que son competitivos internacionalmente. Pero los profesores no suelen conocer el potencial de mercado que tienen sus investigaciones. Las empresas, por su parte, desconocen las investigaciones que realizan las universidades. Una relación más intensa entre estos dos agentes resulta imprescindible para ir cambiando el modelo de crecimiento.
Y en un mundo globalizado, en el que la competencia viene de todos sitios, resulta también imprescindible que las empresas se internacionalicen mucho más. Hay que salir más, viajar, asistir a ferias y reuniones internacionales, entrar más en contacto con realidades y culturas diferentes, que permitan conocer posibilidades de expansión de los negocios.
Para que salgamos de la crisis fortalecidos con un nuevo modelo de crecimiento no existen alternativas a contar con una sólida educación secundaria y universitaria, con una mayor orientación hacia la innovación y con unas relaciones más estrechas en el ámbito internacional, cuestiones todas ellas en las que Andalucía se encuentra en posiciones muy alejadas de las regiones y países líderes.
Rogelio Velasco
MÁLAGA HOY
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