JOSÉ MOYA SANABRIA
Los últimos quince años han sido los de la mejor generación de empresarios de la historia de Sevilla. A pesar de la crisis. Los años noventa están marcados por la estela de la Expo’92 en la que hicimos nuestros pinitos muchos jóvenes que ahora estamos al frente de empresas consolidadas. La Expo supuso dos cosas muy importantes. La primera es que situó a Sevilla en el mapamundi de los negocios de la época. Aquí se hicieron muchos tratos empresariales internacionales en cumbres mundiales de los más diversos sectores que se celebraron en la Exposición. Y en segundo lugar, por decirlo con palabras de Manuel Contreras Caro, presidente de AZVI, “los sevillanos miraron más allá de las murallas de la Macarena”. Es decir, la Sevilla tradicional y clásica asimiló conceptos globales y modernos en la Feria Internacional.
En los 90, Fernando Franco ya había creado Tecnológica, pero en la Expo hizo alianzas que le hicieron ganar dimensión y nuevas perspectivas. Igual pasó con Inmobiliaria del Sur de la familia Pumar, que ya cotizaba en Bolsa. Azvi se consolidó como una gran empresa constructora internacional. José Luis Manzanares fraguó la base Ayesa, su potente ingeniería actual que opera en una docena de países. Jóvenes como Rodrigo Charlo o Gonzalo Madariaga despegaron con industrias innovadoras. José María Pacheco, que entonces trabajaba en Cetelem, antes de fundar Konecta, organizó en Sevilla la convención mundial de la multinacional francesa. Antonio Hernández Calleja estaba todavía al frente de su empresa familiar Herba, pero poco después se convertiría en el líder de una compañía global como Ebro Foods. Lo mismo pasó con el relevo en Abengoa de los hermanos Benjumea Llorente, que la han convertido en una transnacional que cotiza en el Ibex de Madrid y el Nasdaq de Nueva York.
Andalucía es un mundo cargado de tradiciones, que no deben ser una rémora, sino un estímulo para atraer el talento. El paisaje, el clima, la historia y cultura de esta tierra tienen que ser un factor de desarrollo. Y Sevilla ha sido capaz de cautivar a gente de fuera que quería progresar con nosotros. Heinneken ha convertido la tradicional Cruzcampo en la cabecera en España de una de las grandes marcas mundiales de cerveza. Renault es ya un clásico sevillano; la fábrica de cajas de cambio más importante del mundo, radicada aquí desde 1966. También ha venido Airbus, una de las grandes compañías de bandera europea, que ha llegado a ser uno de los gigantes aeronáuticos mundiales en sólo 40 años. O Cobre de las Cruces, de matriz canadiense, que desde hace un lustro explota un gran complejo minero en la provincia.
En las últimas décadas ha hecho su aparición en el campo andaluz una nueva clase social: el empresario, que sustituía a generaciones anteriores de terratenientes o de agricultores que sabían producir muy bien, pero no sabían vender igual de bien. La proyección mercantil internacional de empresas como Royal de José Gandía, Aceites del Sur de Juan Ramón Guillén o el Grupo Ángel Camacho han consolidado su crecimiento. Todo esto ha sido fruto de mucho esfuerzo. También de la estela del 92, de su inercia.
Y al final de la década, en la quinta generación de su familia, José Joly Martínez de Salazar se convirtió también en empresario sevillano al fundar Diario de Sevilla. Y, con el prestigio acumulado en siglo y medio por Diario de Cádiz, crear desde aquí un grupo de prensa regional. Por eso me felicito de los 15 años de este periódico. Un diario que ha sido testigo de los esfuerzos y logros de la mejor generación de empresarios de la historia de Sevilla. A pesar de la crisis, lo repito. Animo a los jóvenes por este camino de emprendimiento, riesgo y creación de riqueza. Porque para aumentar el empleo y recortar la diferencia de renta sobre la media nacional necesitamos que los próximos 15 años sean mucho mejores.
