José García Montalvo
EXPANSIÓN
La crisis económica ha convertido el desempleo juvenil en España en un tema recurrente, incluso para los analistas extranjeros. Desde presidentes del Gobierno hasta Krugman han citado frecuentemente como anomalía internacional el alto nivel del paro juvenil en España. Sin embargo, no hay ninguna novedad. Cualquiera que conozca un poco la evolución de la economía española sabe que el desempleo juvenil se ha encaramado al 50% en las tres crisis que han sucedido desde 1980. Además, la tasa de desempleo juvenil es, con todo, un poco más del doble que la tasa de desempleo general y, por tanto, está en línea con la media de la OCDE. El problema en España es el enorme nivel de desempleo general. Desde esta perspectiva, ¿por qué deberían ser los jóvenes desempleados un grupo especial frente a los desempleados de larga duración o los mayores de 45 años? Una explicación habitual es que se trata de la generación mejor preparada de la historia. Durante la expansión de la burbuja inmobiliaria también se produjo un fenómeno de salida acelerada del sistema educativa de jóvenes atraídos por el empleo en el sector de la construcción y, al mismo tiempo, una compra temprana de vivienda alentada por los bajos tipos de interés.
En el marco de un proyecto financiado por el programa Recercaixa, promovido por ACUP y La Caixa, hemos analizado éstas y otras cuestiones relacionadas con el mundo laboral y educativo de los jóvenes. Los resultados son bastante ilustrativos. Durante la expansión inmobiliaria, el nivel de abandono educativo temprano superó el 30%. Con el comienzo de la crisis, la caída del abandono ha sido muy significativa, hasta situarse cerca del 23%. El 75% de esta caída viene explicada por el incremento del desempleo juvenil.
El proyecto también muestra cómo durante la expansión cayó en tres años la edad de los jóvenes que adquirían vivienda. Este hecho es importante, pues supone un factor que dificulta la movilidad y la vuelta al sistema educativo una vez comenzada la crisis. De hecho, los jóvenes que abandonaron los estudios durante la burbuja inmobiliaria tienen una probabilidad 16 puntos porcentuales superior de volver al sistema educativo que los que abandonaron en otros periodos. Obviamente, los que se fueron sin completar la secundaria son los que mayor probabilidad tienen de volver. Sin embargo, teniendo en cuenta el resto de factores, haber comprado una vivienda después de abandonar los estudios reduce la probabilidad de volver al sistema educativo en 33 puntos porcentuales.
Sobrecualificación
Otra novedad respecto a las crisis pasadas es la evolución del desempleo juvenil por niveles educativos. En el pasado, y a diferencia de lo que pasa en la población general, los jóvenes universitarios no solían tener las tasas de desempleo más bajas. Sin embargo, desde que comenzó la crisis los jóvenes universitarios han tenido tasas inferiores a los niveles inferiores de estudios. Una explicación es la aceptación de la sobrecualificación en mayor proporción que en el pasado. Si antes muchos universitarios preferían estar desempleados a sobrecualificados, en los últimos años la situación ha cambiado. El nivel de sobrecualificación de los jóvenes en el mercado laboral es cercano al 40%. Sin embargo, los últimos datos disponibles muestran que la sobrecualificación no es consecuencia simplemente de una demanda baja de puestos de trabajo de alta cualificación. Ángel Gurría, director general de la OCDE, decía hace algunos meses que el nivel de conocimientos de un titulado universitario español era similar al de un estudiante japonés de secundaria.
Los datos muestran que los universitarios que tienen mayores conocimientos, en particular de matemáticas, prácticamente no sufren sobrecualificación laboral, mientras que los jóvenes que están en el 20% menor de conocimientos de matemáticas tienen un porcentaje muy elevado de sobrecualificación, al menos teórica. Por tanto, cuando se asocia la generación más preparada de la historia a la que tiene más títulos universitarios, quizás se está exagerando el argumento. Es necesario hacer frente a los problemas del desempleo y la sobrecualificación de los jóvenes desde el sistema educativo, proporcionando unos estudios que representen una formación eficaz para el empleo y, por tanto, que no se abandonen por que se pueda encontrar empleo con facilidad en el turismo o la construcción.
Cuando esto sucede, significa que el coste de oportunidad de seguir estudiando no compensa el escaso beneficio que se obtiene. Por otra parte, el sistema universitario debe proporcionar una formación de calidad y no ser meramente una cadena de producción de títulos sin un correlato con conocimientos adquiridos.
