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Rosell no devuelve a la tercera economía española la vicepresidencia que le quitó. Es el precio que paga la CEA por no haber apoyado su candidatura

Es la hora de cobrar y pagar facturas en la CEOE. Ya se sabe que la morosidad no gusta a los empresarios, así que los favores en la patronal se devuelven a corto plazo. El reelegido presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, Juan Rosell, designó el pasado 14 de enero a los vicepresidentes y los miembros del comité ejecutivo. Al sur de Despeñaperros no ha sorprendido pero tampoco ha gustado su decisión de dejar fuera a la patronal andaluza de su núcleo de poder más cercano. La tercera economía española no estará representada en la CEOE por un vicepresidente. Hasta principios del año pasado sí lo estuvo: el anterior presidente de la CEA, Santiago Herrero, era uno de los nueve segundos espadas que tenía la patronal nacional, pero dejó el cargo cuando abandonó la presidencia andaluza. Rosell decidió amortizar ese puesto y no nombrar a un nuevo vicepresidente, que por lógica hubiera debido ser Javier González de Lara.

El líder de la patronal no sólo no ha recuperado ese sillón andaluz, sino que ha reducido aún más el número de vicepresidentes. De nueve a cuatro: Juan Pablo Lázaro, de la federación de Madrid; Joaquín Gay de Montellà, de la catalana Fomento del Trabajo; y José Vicente González, de la valenciana. A estos se le suma el que fue rival de Rosell en las elecciones, Antonio Garamendi, que tiene garantizada una vicepresidencia como máximo responsable de Cepyme.

Mientras, el comité ejecutivo, que podría considerarse el tercer círculo de poder dentro de la patronal, ha pasado de 38 a 54 miembros. En este órgano mantiene su sillón Javier González de Lara y en representación de Andalucía se le suma ahora el presidente de la Confederación de Empresarios de Sevilla, Miguel Rus. O sea, que la región gana un representante, pero al empresariado andaluz le sigue pareciendo poco teniendo en cuenta su peso específico dentro de la economía nacional.

¿Cuál es la explicación para estos movimientos? Claramente Rosell ha premiado a quienes le apoyaron explícitamente en su carrera hacia la presidencia de la CEOE –caso del líder madrileño, el catalán, el valenciano y el sevillano– y ha castigado, en la medida que ha podido, a quienes apoyaron a su competidor (caso de las patronales del metal y la construcción, que han perdido sus vicepresidencias). ¿Y Andalucía? Desde la CEA insisten en que no se la ha castigado, puesto que ha ganado un representante en el comité ejecutivo, pero tampoco esconden que les hubiera gustado volver a contar con la vicepresidencia que ocupaba Herrero. «Se barajaba la posibilidad de recuperarla y ha sido una sorpresa que finalmente vaya para Valencia, aunque no extraña teniendo en cuenta que su presidente ha sido uno de los valedores de Rosell», explican.

¿Cuál ha sido el papel andaluz en la batalla por el poder en la CEOE? Oficialmente, de neutralidad absoluta. González de Lara no ha querido dar avales ni a uno ni a otro candidato por un motivo que él mismo explica: «No quería que Andalucía se volviera a ver perjudicada». El malagueño recuerda que la CEA ha sufrido «dos escenarios completamente hostiles» como consecuencia de las dos veces que Herrero disputó la presidencia de la CEOE y perdió. Esta vez se ha impuesto la neutralidad, aunque González de Lara dio libertad de voto a las distintas organizaciones empresariales andaluzas (por ejemplo, la patronal sevillana sí apoyó explícitamente a Rosell). Hoy en la organización se percibe cierta amargura por que no se haya valorado esta imparcialidad.

Lo que ocurre es que esa exquisita neutralidad mostrada por González de Lara no ha podido ocultar lo que todo el mundo sabía: que la CEA prefería que ganara Garamendi. ¿Por qué? Por varios motivos: es el presidente de Cepyme, y en Andalucía la inmensa mayoría de las empresas son pequeñas o medianas. Además, el rival de Rosell se ha posicionado con rotundidad a favor de la unidad de mercado en España y en contra del independentismo catalán y vasco. Algo que, en opinión de la patronal andaluza, no ha acabado de hacer nunca el actual presidente de la CEOE. «Es tibio respecto a la cuestión catalana, pese a que en repetidas ocasiones se le ha pedido que se moje», sentencian fuentes consultadas.

¿Realmente importa tanto que Andalucía tenga un vicepresidente en la CEOE? Aparte de como hecho simbólico, sí que la tiene, puesto que hay decisiones que se reservan a esa segunda línea de poder de la organización. No obstante, una vez decidida la partida, la CEA está relativamente tranquila por el hecho de que la victoria de Rosell no haya desencadenado una división interna. Garamendi ha manifestado sentirse cómodo en el organigrama que ha creado el presidente. «Se ha manifestado sintonía y unión interna y eso es lo más importante porque así la patronal podrá centrarse en lo que importa, que es defender los intereses de los empresarios», sentencia González de Lara.

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