Juan R. Cuadrado Roura
EXPANSIÓN
Aún no sabemos cómo se llegará a coaliciones o acuerdos de gobierno que permitan la necesaria estabilidad política. Porque Andalucía, necesita que se garantice dicha estabilidad a medio plazo para que sea posible dar un giro a las políticas que se han venido practicando en los últimos años. La economía andaluza requiere que se produzca, de una vez, un viraje muy importante que cambie muchas de las cosas que lastran su desarrollo. Y esto hay que hacerlo con seriedad, dejando atrás los discursos de campaña, la demagogia y los miedos a remover lo que está mal. Susana Díaz, envuelta en la bandera andaluza durante toda la campaña, como lo hace cualquier ‘nacionalista’, sea catalán, vasco o escocés, repitió muchas veces este estribillo: “Os podéis meter conmigo, pero que nadie se meta con Andalucía”. Quizás esta especie de desafío tuvo algún sentido como eslogan de campaña, pero ahora no lo tiene en absoluto. Tras 33 años de gobiernos socialistas, el Partido no puede identificarse con Andalucía como si ambos formaran una única familia. Tampoco puede nadie seguir echando la culpa de todos los males a éste o a los anteriores gobiernos centrales. Y, desde luego, no hay que ignorar lo que en los últimos años se ha estado haciendo mal, en la región y en su economía. Es el momento de “hablar de Andalucía”, de afrontar con rigor los problemas que la región arrastra desde hace años, y de pactar acuerdos que permitan enfrentarse seriamente a ellos y arrancar las costras que los ocultan. Se ha progresado… pero los problemas de fondo siguen ahí En las cuatro últimas décadas la economía andaluza ha registrado, sin duda, una notable transformación. Globalmente la región disfruta de unos niveles de bienestar que admiten comparación con otras comunidades. La renta por habitante ha aumentado (aunque todavía está en torno al 70% de la media europea), las infraestructuras han mejorado sensiblemente, en línea con las del resto del país o más, y un buen número de indicadores sociales (salud, educación básica, estudiantes universitarios, vivienda, etc.) certifican que Andalucía ha avanzado en términos de progreso social. Por supuesto que no es una excepción en el panorama español, porque todo el país ha progresado hacia la media europea de renta por habitante (hoy el 96 %, aunque había superado el 100%). Y toda España avanzó asimismo en términos de bienestar, a pesar de que la crisis y las políticas de ajuste y de devaluación interna han dañado algunos de los logros alcanzados en todo el país. Pero, es el momento para recordar y subrayar algunos hechos que deben afrontarse ahora con realismo y decisión. Enumeraré algunos de ellos. Andalucía ha sido en las cuatro últimas décadas una región ampliamente subsidiada. Ha recibido de la UE no menos de 135.000 millones de Euros y las balanzas fiscales muestran que la región ha sido continuamente “receptora” en función del saldo fiscal regional, con una media del 7-8% sobre el PIB, que es de las más elevadas de España, sólo superada por Extremadura. Todo ello ha supuesto unas fuertes transferencias anuales de recursos hacia la región, que en notable medida se han destinado a gastos corrientes y no a inversión. Por supuesto que no constituye motivo de orgullo tener que ser una “región subsidiada” y la solidaridad es un principio constitucional. Pero, lo que sí cabe plantearse es ¿hasta cuándo?. Y, sobre todo, ¿para conseguir qué?. No debería cumplirse, ni en Andalucía ni en otras regiones, el teorema del pobre en la iglesia. Otro hecho relevante es que el crecimiento de Andalucía ha mostrado un desequilibrio constante entre la demanda interna y su oferta. Es más, los datos históricos certifican que dicho desequilibrio ha sido una constante y que el gasto agregado ha superado siempre la capacidad de oferta y de ahorro propios. Su cobertura ha provenido esencialmente de las aportaciones de la UE y del resto de España. Pero, en algunas fases –como en el período 2000-2007– dichas transferencias no fueron suficientes para cubrir el desequilibrio (17,4% del PIB en 2007), lo cual derivó en un elevado endeudamiento, como subrayó el Observatorio Económico de Andalucía en 2012.Estructura productiva
Uno de los rasgos más destacables de la economía andaluza es, por otra parte, que su estructura productiva ha experimentado pocos cambios. De hecho, apenas ha registrado variaciones sustanciales en las últimas décadas. Está especializada en actividades que tienen inferior remuneración, como la extracción de minerales, la agricultura, o el refino de petróleo; la industria ha mostrado una notable pérdida de peso y, sobre todo, no ha evolucionado en su composición; y, dentro del sector servicios (79,9% de los ocupados), la base radica en actividades con un valor añadido reducido (turismo) y en la expansión de los servicios de no-mercado (educación, sanidad y otros servicios públicos), financiados con fondos públicos. Este trasfondo pudo quedar parcialmente encubierto por el fuerte crecimiento de la construcción durante la última fase expansiva, pero su derrumbe en 2007-2008 no sólo ha arrastrado a numerosas empresas de este y otros sectores, sino que ha dejado de nuevo al descubierto la realidad de una estructura económica que había cambiado muy poco.
El resultado de lo anterior es doble. Por una parte, la capacidad de creación de empleo de la economía regional ha sido y es baja, lo que está –en parte– detrás de ese altísimo porcentaje de paro actual de la región (34,2%), y, por otra, la productividad regional ha sido y continúa siendo muy baja, aunque la fuerte caída del empleo ha disimulado ligeramente este indicador. El sector agrario cuenta con cultivos de alto valor añadido en alguna de sus provincias, pero dos datos explican su baja productividad: aporta el 3,6 % al PIB regional y en él trabaja un 8,31 % de la población activa andaluza. La especialización sectorial de la región y el elevado crecimiento en sectores poco intensivos en tecnologías avanzadas y capital humano cualificado, sumado a una reducida capacidad exportadora de la producción regional, han redundado en una baja capacidad competitiva. El paro y los costes de una Administración inflada y reglamentista Las cifras de desempleo de Andalucía están más de 10 puntos por encima de la media española. Alguna de sus provincias alcanza incluso el 40% de su población activa. Pero, los datos del paro andaluz deben revisarse seriamente. Por un lado, porque el nivel de economía sumergida está próximo al 20%, según muchas estimaciones. Y, por otro, porque el PER y el seguro de desempleo invitan a muchos ciudadanos a no buscar trabajo y/o a evitar tomar riesgos o trabajar en provincias diferentes de las de residencia. La estructura de trabajadores ocupados en Almería muestra cómo se nutre de inmigrantes de otros países, pero poco de andaluces de otras provincias. Un hecho que se repite en otros puntos concretos de la región. Una cuestión igualmente urgente es la necesidad de abordar de forma decidida la reforma de la Administración Pública regional y de todo su entorno. El empleo en el sector público alcanza niveles muy por encima del de las regiones más dinámicas del país. La Administración se ha poblado de organismos, empresas, oficinas especializadas, fundaciones consorcios, etc. donde la evaluación de su eficacia y de su necesidad no ha existido y debe abordarse con urgencia. Como también debería revisarse el reglamentismoy la proliferación de normas vigentes. Por último, aunque el inventario debería ser más extenso, es útil recordar que un reciente estudio de la LSE sobre los factores que favorecen o impiden el desarrollo de las regiones, certifica que la clave no está en crear más infraestructuras, ni en subsidiar la economía, sino en la capacidad innovadora como factor positivo y en la calidad del gobierno (medida vía corrupción, eficacia y transparencia), que aparece como un factor clave. También aquí Andalucía debe cambiar radicalmente.