José Aguilar
DIARIO DE SEVILLA

Conseguir la investidura como presidenta de la Junta le ha costado lo suyo a Susana Díaz. Para lograrlo con el apoyo que más ha perseguido ya desde el principio (el de Ciudadanos) ha tenido que esperar ochenta días, treinta y seis si se cuenta desde la primera vez que el Estatuto de Autonomía le permitía intentarlo. Ya ha sido investida. Ahora viene lo más difícil.

Que es gobernar en solitario, con una oposición que es mayoritaria en el Parlamento. Una tentación le persigue: olvidar que una mayoría notable de los andaluces no quería que fuera presidenta. Ahí están los votos, con el matiz de que su minoría de electores fue bastante superior a la que optó por el partido alternativo (PP) y abrumadoramente más numerosa que la de los otros tres candidatos. Este matiz le permite gobernar. Con total legitimidad.

No es la primera vez que un presidente de la Junta dirige esta comunidad autónoma en precario, sin una mayoría de diputados dispuesta incondicionalmente a sostenerlo. Ya tuvo que hacerlo Manuel Chaves, entre 1994 y 1996, en una legislatura que acabó como el rosario de la aurora porque los dos partidos de la oposición de entonces, PP e IU, reunían la mayoría de los escaños y actuaban coordinadamente. Esta alianza le hizo la vida imposible.

Susana se enfrenta a una situación menos complicada. Su oposición es también mayoritaria, pero más fragmentada y variopinta, imposibilitada para una alianza que derribe a la nueva presidenta. Tampoco le va a ser fácil a ella. Disfruta de unos pocos meses para ejecutar el presupuesto de 2015, pero enseguida tendrá que elaborar el proyecto para 2016, que con sus solas fuerzas no va a poder sacar adelante. Lo mismo le pasará con cualquier programa de envergadura y cualquier ley medio qué. Necesitará pactar con unos y otros o, lo que es lo mismo, consensuar, hacer concesiones, transigir. Hay una cosa segura: no está acostumbrada.

Está por ver la viabilidad de su opción predilecta, que no es otra que convertir en pacto de legislatura su pacto de investidura con Ciudadanos. De momento Ciudadanos tiene querencia a borrar su imagen de muleta del PSOE. Hará todo lo posible por desmarcarse y suscribirá con el resto de la oposición iniciativas parlamentarias molestas y dañinas para Susana (ejemplo, comisiones de investigación). Le exigirá también que cumpla los 72 puntos pactados.

Ha sido difícil el proceso de investidura. Lo que viene ahora lo será más.

CONSEGUIR la investidura como presidenta de la Junta le ha costado lo suyo a Susana Díaz. Para lograrlo con el apoyo que más ha perseguido ya desde el principio (el de Ciudadanos) ha tenido que esperar ochenta días, treinta y seis si se cuenta desde la primera vez que el Estatuto de Autonomía le permitía intentarlo. Ya ha sido investida. Ahora viene lo más difícil. Que es gobernar en solitario, con una oposición que es mayoritaria en el Parlamento. Una tentación le persigue: olvidar que una mayoría notable de los andaluces no quería que fuera presidenta. Ahí están los votos, con el matiz de que su minoría de electores fue bastante superior a la que optó por el partido alternativo (PP) y abrumadoramente más numerosa que la de los otros tres candidatos. Este matiz le permite gobernar. Con total legitimidad. No es la primera vez que un presidente de la Junta dirige esta comunidad autónoma en precario, sin una mayoría de diputados dispuesta incondicionalmente a sostenerlo. Ya tuvo que hacerlo Manuel Chaves, entre 1994 y 1996, en una legislatura que acabó como el rosario de la aurora porque los dos partidos de la oposición de entonces, PP e IU, reunían la mayoría de los escaños y actuaban coordinadamente. Esta alianza le hizo la vida imposible. Susana se enfrenta a una situación menos complicada. Su oposición es también mayoritaria, pero más fragmentada y variopinta, imposibilitada para una alianza que derribe a la nueva presidenta. Tampoco le va a ser fácil a ella. Disfruta de unos pocos meses para ejecutar el presupuesto de 2015, pero enseguida tendrá que elaborar el proyecto para 2016, que con sus solas fuerzas no va a poder sacar adelante. Lo mismo le pasará con cualquier programa de envergadura y cualquier ley medio qué. Necesitará pactar con unos y otros o, lo que es lo mismo, consensuar, hacer concesiones, transigir. Hay una cosa segura: no está acostumbrada. Está por ver la viabilidad de su opción predilecta, que no es otra que convertir en pacto de legislatura su pacto de investidura con Ciudadanos. De momento Ciudadanos tiene querencia a borrar su imagen de muleta del PSOE. Hará todo lo posible por desmarcarse y suscribirá con el resto de la oposición iniciativas parlamentarias molestas y dañinas para Susana (ejemplo, comisiones de investigación). Le exigirá también que cumpla los 72 puntos pactados. Ha sido difícil el proceso de investidura. Lo que viene ahora lo será más.