Víctor Martínez
EL MUNDO
Reducirá un 60% sus ingresos a través de un duro plan de ajuste y pide una quita de 6.000 millones
Abengoa ya tiene sobre la mesa un boceto del plan de reestructuración que será presentado al mercado la próxima semana. El documento, elaborado con la ayuda de consultoras especializadas, incluye la reducción a la mitad de su tamaño para garantizar su viabildiad, y evitar la caída en concurso de acreedores en marzo.
La estrategia de reestructuración de la compañía será aprobada en consejo de administración y presentada al mercado la próxima semana. La expectación sobre el documento es máxima, ya que de su aceptación por parte de banca y bonistas depende de si Abengoa protagoniza o no el mayor concurso de acreedores de la historia del país. La idea de la compañía es reducir su cifra de negocio en un 60% -unos 4.290 millones de euros- y sus costes entre un 40% y 50%, según explican a EL MUNDO fuentes próximas a la elaboración del documento.
La reducción de costes incluirá continuar con el recorte de plantilla iniciado en diciembre, el pago de menos intereses y un plan de eficiencia que, entre otras medidas, reduzca la estructura del grupo y los viajes de sus directivos. La Nueva Abengoa se ha marcado como objetivo lograr un beneficio bruto (ebitda) de 700 millones de euros en 2017, la mitad que le logrado en 2014.
Esta disminución implicará la venta de negocios y activos no considerados «prioritarios», como por ejemplo el de la fabricación de biodiésel, y el abandono de proyectos que requieren grandes aportaciones de capital y ofrecen poco margen. En este sentido, el grupo se verá obligado a sacrificar su presencia en mercados internacionales como Brasil, Colombia, Costa Rica o Turquía, según fuentes del mercado. Sólo el negocio de bioenergía reportaba a la empresa unas ventas anuales de 2.100 millones de euros, según el último informe anual de resultados, correspondiente al ejercicio 2014.
Por el contrario, Abengoa intentará salvar a toda costa su negocio de ingeniería e innovación con tecnología propia, el ADN del grupo. La compañía quiere mantener el Campus de Palmas Altas de Sevilla como sede y centro de patentes, aunque el plan también incluya el recorte de plantilla y costes en este área.
Abengoa remitirá su estrategia a los acreedores junto a una propuesta de reducción de deuda próxima al 70%, es decir de unos 6.000 millones sobre la cifra actual de 8.900 millones. La compañía solicitará a sus acreedores una quita sobre parte de esta deuda y la capitalización del resto en acciones, lo que conllevará un vuelvo de la actual estructura accionarial del grupo con la consiguiente pérdida de poder de los Benjumea y el resto de familias andaluzas que han controlado históricamente la empresa.
Si la banca no acepta el nuevo plan de viabilidad y reestructuración financiera, Abengoa entrará en quiebra el 28 de marzo con un pasivo total de más de 20.000 millones. Pero para llegar a esa fecha, el grupo necesita una nueva inyección de liquidez urgente por un importe de entre 150 y 170 millones.
La entidad negocia con un grupo de bonistas este pago, dirigido a cumplir con nómina y facturas. Las negociaciones son complejas, ya que los bonistas exigen un interés próximo al 13% con la garantía de las acciones de Atlántica Yield, la filial estadounidense. Se trata de la segunda ayuda que precisaría el grupo dese que entró en preconcurso de acreedores, tras el préstamos de 106 millones de la banca el 24 de diciembre.
Por último, el grupo ha frenado la búsqueda de un socio industrial para centrarse en su propia viabilidad. El objetivo prioritario es recuperar la credibilidad y aumentar el valor bursátil, hundido hasta los 170 millones.]]>