La sociedad española urge un cambio en las universidades. Aunque no llegan a suspender, obtienen un aprobado raspado, del 5,5, en la valoración sobre la eficacia con que cumplen «los objetivos que tienen encomendados» y sus profesores están peor preparados para dar clases que los de la primaria o secundaria, según los resultados de una encuesta realizada por la Fundación Europea Sociedad y Educación.

Este estudio, realizado a partir de 1.200 entrevistas online a personas de entre 18 y 70 años y presentado ayer, revela que existe «un amplio margen de mejora», según uno de los autores, el sociólogo Víctor Pérez-Díaz.

Los encuestados consideran que, entre los fines prioritarios de las universidades, el primero es formar a buenos profesionales, seguido de la investigación y la innovación. Pues bien, la eficacia en el cumplimiento de sus objetivos recibe «una nota relativamente baja», reconoce el estudio, al quedarse en un 5,5 sobre 10. Una valoración solo algo superior es la otorgada a la calidad de la enseñanza universitaria, con un 6,1.

Sobrecualificación

El documento abunda en la sobrecualificación, ya que un 41,7% de los trabajadores con título universitario entiende, de manera subjetiva, que posee un nivel educativo superior al requerido para su puesto de trabajo.

Para los encuestados, la utilidad de la formación universitaria para el acceso al mundo laboral se valora en un 6 y la satisfacción media con sus estudios universitarios, tanto de los ya titulados como de los estudiantes actuales, apenas supera el 6 sobre 10.

La nota que otorgan a los profesores de universidad no es mucho mejor. El propio estudio califica de «sorprendentes» los resultados, ya que «la evaluación de los profesores universitarios resulta inferior a la de los maestros y la de los profesores de secundaria, a pesar de que el prestigio social de los primeros es superior». La calificación para el nivel de preparación para dar clases de los docentes universitarios es de un 6,2, mientras que la de los maestros se sitúa en el 7,2 y la de los profesores de secundaria en el 7, 0. La valoración es aún peor en cuanto al nivel de vocación, ya que se les concede un 5,7, frente al 7,0 de los maestros y el 6,6 de los profesores de secundaria.

En la encuesta se preguntó también por la financiación pública de las universidades. La mayor parte de los entrevistados, un 36,3%, defiende la «gratuidad universal», si bien un 29,3% aboga por reservar la gratuidad solo para «quienes no tienen medios» y un 27,5% por préstamos a bajo interés para quienes carecen de esos medios. No obstante, «se observa un nivel bajo de conocimiento acerca de la aportación de los estudiantes a la financiación de sus estudios en la universidad pública».

A pesar del «potencial de cambios razonables» que se desprende del estudio, Pérez-Díaz cree que «no se sabe e n qué di re c c i ón ir » y s e a preci a n «ciertas confusiones y contradicciones». Pese a que se defiende en general la autonomía en las universidades, son más los que prefieren que su modo de gobierno sea el mismo en todas, sin que cada una elija el suyo, y también son algunos más los que creen que el estatuto y tipología del profesorado deben ser los mismos.

Junto a este estudio se presentó otra encuesta sobre la opinión de los propios miembros de la comunidad universitaria, enmarcado en los trabajos que se realizaron en toda Iberoamérica con motivo del III Encuentro de Rectores organizado por la red Universia el pasado verano en Río de Janeiro. En los resultados de este sondeo, «los encuestados muestran dudas sobre si el sistema de acceso al profesorado es adecuado para seleccionar a los mejores docentes», lo que obtiene un suspenso (4). También se cuestiona el grado de autonomía (5), los modelos de gobierno (5) y la eficacia en la gestión administrativa (5).

Según Juan Carlos Rodríguez, coautor del estudio, también la comunidad universitaria –docentes, estudiantes y personal de administración– aprecia «un amplio margen de mejora en el funcionamiento de las universidades», así como una «alta propensión a explorar el cambio».

ABC