El pasado año el empresario José Moya cedió el poder ejecutivo en el grupo Persán y comenzó a trabajar en un proyecto que pudiera revitalizar a la sociedad civil andaluza. «En marzo de 2013 tuvimos la primera reunión y desde entonces nos hemos sentado con profesionales de toda Andalucía para escuchar sus ideas e inquietudes». El fruto de estos veinte meses de trabajo ha sido el nacimiento del Centro de Debate y Desarrollo, un «think tank» para vertebrar a empresarios, directivos, científicos o profesores en la elaboración de propuestas que ayuden al desarrollo de la región. Aunque Moya ha sido su primer impulsor, en todo momento recuerda que es un «proyecto colectivo» que será lo que quieran sus socios (por el momento hay doscientos y el gran reto es alcanzar los 2.000).

—¿Por qué la sociedad civil es tan débil en Andalucía?
—La sociedad civil ha hecho dejación de sus funciones al tiempo que la clase política ha asumido un protagonismo excesivo en la sociedad, donde tiene un peso a veces aplastante y en Andalucía aún más que en el resto de España. Esto ha provocado que la mayoría silenciosa esté hoy más silenciosa que nunca y que nos hayamos acostumbrado a culpar de todo a los políticos. El Centro de Debate quiere cambiar esta situación.

—En este «think tank» militan empresarios destacados, ¿es una iniciativa liderada por el mundo empresarial?
—Tenemos un carácter reformista en tres ejes: la política, pues creemos que los ciudadanos deben tener más capacidad para elegir a sus representantes; la educación, donde es necesario un sistema más sólido y estable; y la economía, porque es fundamental luchar por un modelo productivo donde la industria y la innovación tengan un papel destacado. A partir de ahí, las empresas, como generadoras de riqueza y empleo, son una parte fundamental de la sociedad civil y están obligadas a implicarse en los debates públicos; pero el Centro de Debate es más que eso y está abierto a todos los ciudadanos que tengan espíritu crítico, tolerante e inquieto por el desarrollo y el progreso.

—¿Temen que partidos políticos o la patronal les vean como competidores?
—Este centro no sustituye a nadie. Queremos generar ideas y que influyan tanto en quienes tienen el poder político como en el resto de la sociedad, por eso hemos creado una plataforma potente en Internet para ser una asociación en red. Las reformas deben hacerlas los representantes legítimos de la soberanía nacional. Nosotros hacemos sugerencias, creamos opiniones y colaboramos de forma crítica y constructiva.

—No es la primera vez que se plantea una idea como el Centro de Debate, ¿por qué no ha triunfado ninguna?
—Además de tener la idea hay que dar el paso adelante y eso no es tan fácil porque requiere mucho esfuerzo. Los promotores del Centro de Debate han contactado con más de 700 personas en estos meses y han logrado 200 socios que a fines de año serán más de 300. Todos ellos serán considerados fundadores y habrá que hacer una gran asamblea donde se configure cómo será el centro, porque insisto en que no se trata de un proyecto personal, sino colectivo.

—¿El auge de Podemos demuestra que si no se hacen las reformas necesarias el sistema puede explotar de forma inesperada?
—Hay un consenso en el diagnóstico de lo que ocurre en España y en que hay que cambiar las cosas, pero si la sociedad civil no aporta propuestas y argumentos sólidos estaremos presos de alternativas demagógicas y populistas. Un convencimiento del Centro de Debate es que hay que catapultar a los jóvenes, a todos esos profesionales muy cualificados que hoy tienen entre 30 y 50 años y que son quienes tienen la obligación de reflexionar sobre el sistema que han heredado y sobre cómo reformarlo. La generación que hizo la Transición, con sus virtudes y sus defectos, puede aportar su experiencia, pero la solución solo puede venir de una nueva generación.

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